No tuvieron suerte y desilusionados se dirigieron con su embarcacion hacia el puerto de Itaguaçu. Joao tiró sus redes y encontró entre ellas la imagen de la Virgen que no tenia cabeza. Extrañados remaron en otra dirección y nuevamente extendieron sus redes esta vez alcanzando a encontrar la cabeza de Nuestra Señora.
Se aproximaron a la orilla donde limpiaron la cabeza y colocaron ambas partes de la Virgen en su embarcación.

Felipe Pedroso trasladó la imagen a su casa donde su hermana Silvana, unió delicadamente el cuerpo y la cabeza de la Virgen y levantaron un altar para Nuestra Señora.
En 1929 Nuestra Señora Aparecida fue proclamada Reina y Señora de Brasil por el papa Pío XI y en 1967 en conmemoración del 250 aniversario de su aparición, el papa Pablo VI ofreció a Nuestra Señora Aparecida la Rosa de Oro en señal de particular devoción.
El santuario se encuentra a cargo de los misioneros redentoristas cuya presencia en el pais se remonta a 1894, y actualmente es uno de los centros religiosos más importantes de Brasil. Fue declarado santuario Nacional en 1984.
Su fiesta se celebra el 12 de octubre.
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